CRÓNICA: HOMENAJE A AMELIA VÁLCARCEL, PERSONAJE DEL AÑO DEL JUAN DEL ENZINA




Amelia Válcarcel, el pasado viernes 5 de mayo en el Juan del Enzina

Ponce de Minerva

León - 13/05/2023 - 22:17 CEST

 

    El pasado viernes, 5 de mayo, se celebró en el salón de actos del Instituto Juan del Enzina el esperado Homenaje al personaje leonés ilustre de este año 2023, en esta ocasión, la filósofa Amelia Valcárcel que, aún no siendo natural de la provincia, su relación con León y, en particular, con el centro es estrecha, pues estudió durante dos años en el instituto y fue profesora de filosofía igualmente en él, el primer año tras finalizar sus estudios universitarios. Siguiendo así con la bella tradición que desde hace 19 años se ha venido observando en nuestro instituto, desde comienzos del año escolar, el alumnado se ha volcado en la preparación de un precioso acto de reconocimiento de la vida y la obra de la homenajeada, centrándose fundamentalmente en su faceta como filósofa y, sobre todo, como referente del movimiento feminista en España. Homenaje cuya organización ha sido posible gracias a la dedicación y cuidado de los departamentos de Lengua y Literatura y Filosofía, y en especial, a la labor e iniciativa de dos grandes docentes de nuestro instituto a quienes es justicia citar: Mario Paz, profesor de Lengua, y Carlos Cabezas, de Filosofía.

    Durante aproximadamente una hora y media, se representaron en el sufrido y modesto escenario del pequeño auditorio abarrotado de alumnos, profesores y algún que otro curioso, tres obras teatrales, que incluyeron una dramatización de la figura de Amelia Valcárcel joven, una obra reivindicativa de las 'sin sombrero' de la generación del 27, y por último una obra de carácter filosófico-histórico en la que, personificados, el Mito y la Filosofía, desdoblada ésta en las cuatro tradicionales etapas históricas (Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea), eran llevados por Clío, musa de la Historia, ante una iracunda Atenea, enardecida por el desprecio y ninguneo del que han sido víctimas las mujeres a lo largo de la historia del pensamiento, y que presentaron en sus sucesivos parlamentos una semblanza de las más reconocidas filósofas y pensadoras de la historia de la Humanidad. Se intercaló entre las actuaciones una lectura vindicativa de la figura de la escritora y activista feminista Antoinette Brown Blackwell, organizada por el departamento de Ciencias Naturales, y la lectura dramatizada de ocho fragmentos de libros y artículos de Amelia Valcárcel, por alumnos de primero de bachillerato, acompañado cada uno de ellos por senda interpretación musical de estudiantes de todos los cursos. Armónica y preciosa combinación de palabra y melodía que resultó ser una amena y emotiva forma de incluir pequeñas píldoras del pensamiento de la filósofa en el acto. A estas representaciones se ha de añadir el certamen literario organizado por el Seminario de Lengua y Literatura, cuyas obras ganadoras y otros relatos y poesías escogidos serán incluidos en la publicación anual del instituto, La Encina del Juan. Y cómo no, toda la variada panoplia de ilustraciones y viñetas que el alumnado elaboró con idéntico motivo y que, reunidas en una presentación visual, acompañaron el movimiento escénico a lo largo de todo el acto. 

    Se acercaba el final del Homenaje, y aún aguardaba una última sorpresa. Tras finalizar las actuaciones, se reprodujo en vídeo el saludo de una antigua compañera del claustro de Amelia Valcárcel y profesora de latín del instituto, Mari Manoja, que dirigió a la filósofa una sentida felicitación con estas palabras: 

    «Quiero en este día sumarme a vosotros en el homenaje a Amelia Valcárcel, de quien guardo un recuerdo entrañable. Sentimientos y afectos que me unen a ella están distantes ya en el tiempo, pero muy vivos. Fueron años de docencia y amistad compartidos con Amelia y con algunos de vosotros en el instituto Juan del Enzina, donde formábamos parte de un mismo seminario, los profesores de Filosofía, Latín  y Griego. Después, hemos recorrido todos un largo camino, pero aquí estamos, tendiendo un merecidísimo homenaje a Amelia Valcárcel. Sea motivo de alegría y orgullo haberla tenido como compañera y amiga. Y digamos una vez más: Vivat Academia, y Semper sint in flore», recordando con estas últimas palabras dos célebres versos del himno universitario latino Gaudeamus igitur.

    El broche y colofón espléndido del acto fue, sin duda, el emotivo discurso de Amelia, en el que agradeció el afectuoso y cálido reconocimiento y acogida recibidos por parte del que fue su instituto, recordó sus años como alumna y profesora y a los que fueron algunos de los profesores que más profunda huella dejaron en ella y animó a todos los estudiantes a disfrutar de aquel «magnífico sitio» que fue para ella «una escuela de vida; no, no sólo una escuela de saberes», donde vivió «el mejor momento que pasé jamás». En sus emocionantes palabras hilvanó vivencia personal y reflexión sobre la educación recordando, por ejemplo, a su profesor de latín, Leoncio, y reflejando al tiempo el ideal de una enseñanza humanística integral: 

    «Él nos enseñaba latín, pero en la clase de latín, se aprendía de todo. Nos hizo amar la democracia, que entonces no la teníamos. Nos hizo conocer el pensamiento antiguo, pero también el moderno y el contemporáneo. Y luego nos hacía respetar a todos los demás y a todas las demás. Porque tenía ese arte que es tan difícil pero que quien lo tiene es magnífico, de saber hacer que, a su alrededor, todo el mundo crezca. Era como un gran jardinero». 

    O al señor Pérez, profesor de Literatura, reivindicando la educación literaria como espacio esencial de convivencia y punto de encuentro de la pluralidad lingüística y cultural de la que tiene el privilegio de gozar nuestro país: 

    «Pérez nos enseñó Literatura, Literatura española contemporánea, y nos enseñó a hablar catalán —les parecerá raro, pero todos los cursos que aprendíamos con Pérez, recitábamos y con gracia, y sabiendo hacerlo, a los grandes poetas catalanes de la Renaixença. Por ejemplo, Pérez tenía una idea magnífica de que España es un conjunto plural y que tenemos que amar lo que producen los demás, también».

    Este día, vimos a una Amelia Valcárcel ante todo agradecida y emocionada. Con estas conmovedoras palabras, enjugándose las lágrimas, finalizó su intervención entre los aplausos y efusiones del público: 

    «Nunca me esperé algo así. ¿Saben qué? Me hubiera gustado mucho, cuando yo tenía 16 añitos, verlo por un agujero muy pequeño, porque todas las vidas tienen momentos durísimos y algunos también los pasé aquí. Si lo hubiera visto por un agujerito… Muchísimas gracias».

    En este enlace de YouTube se puede ver el Homenaje, que fue retransmitido en directo, y a continuación se puede leer la transcripción literal del discurso final de Amelia Valcárcel: 

    «Buenos días, muy buenos días. [Se dirige a los estudiantes] A ver… aquello del silencio… a fin de que yo pueda agradecer [Señalando a los estudiantes participantes en el Homenaje, reunidos en el escenario detrás de ella] a toda esta maravillosa gente lo que acaba de hacernos. No me esperaba algo así, estoy emocionadísima; he llorado todo lo que he querido. [Aplausos] Queridas autoridades leonesas, muchas gracias por haber venido y acompañar en este acto tan especial; queridas autoridades académicas: yo voy a aprovechar estos tres o cuatro minutillos —suelo pasarme, digo que serán tres o cuatro y luego me paso, no lo puedo evitar, me sale así, de un modo espontáneo— para acordarme de mi instituto. Yo fui alumna aquí; fue el mejor momento que pasé jamás, aquellos dos años fueron espléndidos, fueron dos años de aprender constantemente cosas, con un claustro maravilloso, que eran todas unas sabias y unos sabios. No puedo citarlos a todos, pero citaré, por deber completo; [sic] cuando yo acabé mi carrera, mi primer puesto docente volvió a ser aquí, estuve un año como docente de filosofía. Yo creo que de ello se ocupó una persona que fue muy importante en este centro, Leoncio, entonces llamado don Leoncio. Este era un instituto femenino, don Leoncio había sido jefe de estudios, y luego pasó a ser director. Era bastante apuesto, razón por la cual más o menos el veinte por ciento del alumnado le miraba con muy buenos ojos. Yo, como pertenecía al alumnado disidente, que ya traía yo mi mala cosa puesta de antes, le miraba con ojos más bien fríos, pero ahora que ya no tengo necesidad de guardar el yo, era una persona absolutamente admirable. Nos hizo a todos, a todas, conocer la Antigüedad clásica. Él nos enseñaba latín, pero en la clase de latín, se aprendía de todo. Nos hizo amar la democracia, que entonces no la teníamos. Nos hizo conocer el pensamiento antiguo, pero también el moderno y el contemporáneo. Y luego nos hacía respetar a todos los demás y a todas las demás. Porque tenía ese arte que es tan difícil pero que quien lo tiene es magnífico, de saber que [sic] hacer que, a su alrededor, todo el mundo crezca. Era como un gran jardinero. Allí arriba, donde estaba un seminario, estaba por el contrario don Heladio Isla, que era el catedrático de griego. Aquel hombre tenía una afición por los aoristos inexplicable. Nos hacía aprendernos aproximadamente 350 aoristos de verbos irregulares. Claro, cuando ibas por el aoristo ciento sesenta y pico decías: “Hombre, pero esto ya no puede ser, de ninguna manera”; y te levantabas y decías: “Don Heladio, perdone, ¿sabe usted alguna cosa más, además de aoristos?”. Entonces don Heladio concentraba en ti su mirada y decía: “¿Qué ha dicho…?”. Y tú decías: “No, nada…, que estoy de los aoristos, un poco cansada…”. Luego, fue también mi colega en el claustro. Anduvo mirando a ver en griego cómo se podría decir lo que me pasaba a mí para que no lo tuviera él por un portento, porque eso era sin duda alguna enfermedad que yo tenía y que él sería capaz de curarme si se dedicaba bastante a ello. Le admiro muchísimo. Aparte de los aoristos —es que él era especialmente filólogo, y la historia le gustaba menos, pero para eso tuve a una magnífica profesora de griego, Julia, que por lo visto nos dejó aquí muy pronto y se fue a otros lares. Esa, no solo nos enseñó a traducir a Jenofonte, no, nos enseñó toda la cultura griega a la que habéis estado representando, y fue espléndida. ¡Cómo era Julia! Mirad: es este tipo de persona, este tipo de mujer joven, absolutamente fría, que no da nunca su confianza a nadie, y que se mantiene dentro del saber como si el saber fuera un muro de hielo con el que te tienes que proteger, pero desde ahí, enseñaba con una pureza extraordinaria. ¡Qué magnífico sitio fue este para mí, qué magnífico sitio espero que esté siendo para vosotras y para vosotros! Porque el señor Pérez, que no me acuerdo de más que de su Pérez; Pérez nos enseñó Literatura, Literatura española contemporánea, [y] nos enseñó a hablar catalán —les parecerá raro, pero todos los cursos que aprendíamos con Pérez, recitábamos y con gracia, y sabiendo hacerlo, a los grandes poetas catalanes de la Renaixença. Por ejemplo, Pérez tenía una idea magnífica de que España es un conjunto plural y que tenemos que amar lo que producen los demás, también.

    »No sé si decirles, y voy a acabar, para mí este lugar fue una escuela de vida; no, no sólo una escuela de saberes, y por eso para mí es tan emocionante lo que está pasando hoy, tanto que como no sé ya cómo seguir voy a llorear [sic] otro poco, pues se lo agradezco a ustedes muchísimo, a nuestro actual director, a nuestro secretario, a nuestra jefatura de estudios, a las personas maravillosas que encargaron un poco de chocolate hoy según llegábamos, a todo porque… no doy de mí ya. Nunca me esperé algo así. ¿Saben qué? Me hubiera gustado mucho, cuando yo tenía 16 añitos, verlo por un agujero muy pequeño, porque todas las vidas tienen momentos durísimos y algunos también los pasé aquí. Si lo hubiera visto por un agujerito… Muchísimas gracias».

Discurso de Amelia Valcárcel en el Homenaje a su persona ofrecido por el Instituto de Educación Secundaria Juan del Enzina de León y organizado por su claustro y alumnado, el viernes, 5 de mayo del año 2023.

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